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Testimonio: ¿Sonreír o no sonreír?

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 No sé si todos los latinos somos así, pero soy una persona de dar abrazos. No lo hago con todo el mundo, pero si con amigos y con gente cercana. También sonrío mucho. No fui consciente de esto último hasta que llegué a Europa. Ya lo había intuido con los abrazos, pero, no se me había cruzado por la mente que sonreír mucho podría ser un problema, podría verse como irrespetuoso o diferente. Recuerdo que un día le sonreía a un conductor de taxi quien, obviamente, no me devolvía la sonrisa. Mi reacción inmediata fue dejar de sonreír, asustarme, girarme hacia mi amigo que vive muchos años por este lado del mundo y decirle: ¿Es mala idea sonreír aquí? La pregunta terminó con una carcajada. Al final decidí que esa es una de mis mejores características y que no la voy a cambiar. Sigo sonriendo cuando camino por la calle. Me alegro si recibo una sonrisa de vuelta y si no, ya no me preocupo, continuo mi camino con mi gran sonrisa. Pamela, 36. 

Testimonios: amigos en el extranjero

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 "Hacer amigos en el extranjero es uno de los mayores retos. Requiere de mucha paciencia y en especial de hacer un esfuerzo. Es entender que no son ellos los que vendrán a buscarte a ti, sino que tu debes salir a buscarlos. Si uno reflexiona pensando en su propia vida, en su país de origen, ¿cuántas veces nos hicimos amigos de personajes extranjeras? ¿Permitimos o les dimos la oportunidad de sumarse a nuestros grupos ya establecidos? Es lo que pasa aquí. Hablamos de que las personas tienen grupos, sistemas, con los que han crecido desde la infancia o se han fortalecido en la universidad. Ingresar a estos sistemas es difícil, más aún cuando tu idioma es diferente, incluso cuando te ves diferente. A pesar de ello, una vez que lo logras, puedes también hacer amigos de por vida". Sofía, 38. 

Testimonio: Cuando la realidad te mira a los ojos

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 "Además de todo el reto emocional que implica el mudarse, creo que hay una primera etapa de enamoramiento como en todo. Es un lugar nuevo, un paisaje diferente, puedes tener una primera fase de turista en la que te entusiasmas y dices bueno, este es un buen lugar donde puedo hacer una vida. Pero llega un momento en el que la realidad te mira a los ojos. Empiezas a ver las diferencias, aquello que no te gusta tanto, en especial situaciones que no esperabas. A veces romantizamos mucho el vivir en el exterior, cuando no es una taza de leche. Uno de esos momentos en mi caso fue la comida. Odiaba el sabor de la carne aquí, las frutas sabían todas iguales, así que comer, algo que disfrutaba mucho, fue por un tiempo un motivo de frustración". María Elena, 42.   

Testimonios: Vivir en otro país puede sentirse como llegar a otro planeta

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 Comparto con ustedes pequeños fragmentos de las historias que están por venir.  "Para mí, lo más fuerte fue el choque cultural. En mi caso, el mudarme a otro país fue una decisión casi repentina. Tuve muy poco tiempo para hacerme a la idea. Era muy joven y había muchas cosas en las que pensar. Me dediqué a hacer las maletas, a despedirme sin saber cuándo volvería y a tratar de organizar mi vida lo mejor posible. Entonces, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, yo ya había cruzado la frontera. Así que vivir en otro país, para mí, se sintió como vivir en otro planeta. No entendía el idioma, todos eran distintos a mí – y me lo hacían notar -. El paisaje era totalmente diferente y un poco hostil. Fueron momentos difíciles, pero ahora que los veo de lejos, entiendo que fueron necesarios para llegar donde estoy ahora, casi 20 años después".  Juan Carlos, 36 años.