Testimonio: ¿Sonreír o no sonreír?
No sé si todos los latinos somos así, pero soy una persona de dar abrazos. No lo hago con todo el mundo, pero si con amigos y con gente cercana. También sonrío mucho. No fui consciente de esto último hasta que llegué a Europa. Ya lo había intuido con los abrazos, pero, no se me había cruzado por la mente que sonreír mucho podría ser un problema, podría verse como irrespetuoso o diferente. Recuerdo que un día le sonreía a un conductor de taxi quien, obviamente, no me devolvía la sonrisa. Mi reacción inmediata fue dejar de sonreír, asustarme, girarme hacia mi amigo que vive muchos años por este lado del mundo y decirle: ¿Es mala idea sonreír aquí? La pregunta terminó con una carcajada. Al final decidí que esa es una de mis mejores características y que no la voy a cambiar. Sigo sonriendo cuando camino por la calle. Me alegro si recibo una sonrisa de vuelta y si no, ya no me preocupo, continuo mi camino con mi gran sonrisa. Pamela, 36.